- La concejala Lucía Beamud denuncia que Marta Torrado prometió en 2023 “censos más periódicos” sobre sinhogarismo y ahora rechaza participar en el recuento estatal de 2026, escudándose en el proceso de regularización
La paradoja es difícil de sostener. El gobierno municipal de PP y Vox ha avalado iniciativas para elaborar estadísticas que diferencien entre población nacional y migrante en materia de ayudas, urgencias sanitarias y contribución al bienestar. Pero cuando llega el momento de participar en el recuento estatal de personas sin hogar, previsto para el 20 de octubre, el gobierno de Catalá dice que no tiene recursos. “Para señalar, sí hay voluntad estadística; para proteger, no”, lamenta la concejala de Compromís per València Lucía Beamud, que añade que esta forma de gobernar “no es rigor: es ideología”.
Como se ha conocido, la concejala del PP Marta Torrado ha comunicado la negativa del Ayuntamiento a participar en el nuevo recuento estatal de personas sin hogar, alegando la sobrecarga de trabajo derivada del proceso extraordinario de regularización. Pero Beamud recuerda que hace exactamente dos años y medio, en octubre de 2023, la propia Torrado anunciaba que era necesario realizar “un diagnóstico real”, disponer de datos sobre salud mental, drogodependencias y cobertura sanitaria e impulsar “censos más periódicos”. Entonces, el censo era imprescindible para construir un relato contra el gobierno anterior. “Ahora, cuando toca actualizar los datos y comprobar si el problema ha crecido, el censo ya no es una prioridad e incluso quieren acabar con él”, denuncia la representante del primer partido de la oposición.

“Hacer el recuento significa aceptar que existe una realidad aunque el gobierno no quiera verla. Significa ofrecer información a las entidades sociales, a la Universidad, al Ministerio, a la oposición y a la ciudadanía. Significa disponer de datos para exigir políticas públicas. Y eso es exactamente lo que incomoda a un gobierno que ha convertido la política social en una combinación de propaganda, culpabilización del Gobierno central e invisibilización de las personas más vulnerables”, denuncia la concejala de la coalición valencianista.
El argumento de la falta de recursos “es miserable”, considera Beamud. El propio gobierno municipal anunciaba la creación de una unidad específica de más de 35 personas dedicada exclusivamente a gestionar la regularización, con una inversión de 100 millones de euros, precisamente para que el proceso “no alterara el funcionamiento ordinario de los servicios sociales”. Para Beamud, la contradicción es evidente: “El gobierno ha tenido recursos para crear dispositivos y gestionar miles de expedientes. Lo que no ha tenido es voluntad política para participar en un recuento que podría dejar en evidencia la dimensión real del sinhogarismo en València”.
El recuento de personas sin hogar se celebra en la ciudad desde 2019, con participación municipal, universitaria y de entidades sociales, y se ha consolidado como una herramienta bienal de planificación de políticas públicas. Barcelona, Madrid, Bilbao, París o Ámsterdam lo realizan sin interrupciones. El propio Ayuntamiento de València organizó la primera edición con recursos propios. La incapacidad actual, por tanto, no es técnica.
No cuentan porque no quieren que se sepa
El fondo del problema, denuncia Compromís, es que los datos resultantes del recuento desmontarían el relato del gobierno. Tras años de hostigamiento a las personas que vivían en el cauce del Túria o en el Parc Central —con propuestas como construir estanques bajo los puentes para evitar asentamientos, medidas que Médicos del Mundo ha calificado de arquitectura hostil que aumenta la exclusión—, un nuevo recuento evidenciaría que estas personas no han desaparecido: simplemente han sido expulsadas hacia asentamientos periféricos. Informes de Cáritas y Médicos del Mundo alertan de que nunca habían atendido a tantas personas en situación de sinhogarismo en la ciudad, con perfiles nuevos: trabajadores que no pueden permitirse ni siquiera el alquiler de una habitación.