• Los técnicos municipales tumban de nuevo el proyecto que la alcaldesa presentó como «cumplido» hace año y medio
  • La portavoz de Compromís Papi Robles recuerda la nula iniciativa de Catalá en el Jardí del Túria: «Su incapacidad la lleva a privatizarlo, tanto en la gestión como en la dotación de nuevos equipamientos»

El Parc de Desembocadura acumula un nuevo retraso en su tramitación. Un informe del Servicio de Proyectos Urbanos del Ayuntamiento de València, firmado esta misma semana, concluye que la documentación del proyecto de ejecución de la primera fase «no se ajusta a los requerimientos municipales» y exige una nueva subsanación. Es la segunda vez que los técnicos municipales tumban el proyecto —ya lo hicieron en julio de 2025—, dos años después de que el gobierno de Catalá adjudicara la redacción por un millón de euros. El parque que impulsó el gobierno de Joan Ribó para saldar la deuda histórica con Natzaret sigue encallado en un despacho con PP y Vox.

El informe acumula un dictamen desfavorable del OAM Parques y Jardines, otro desfavorable del servicio municipal de tecnologías, autorizaciones aún pendientes de la Confederación Hidrográfica del Júcar y de la Autoridad Portuaria, un dictamen de la Comisión de Patrimonio sin emitir, e incluso parcelas que todavía no son municipales porque están pendientes de obtener.

Para Compromís per València, la fotografía es la de un gobierno que suspende en gestión. «Los funcionarios hacen su trabajo y detectan los errores uno tras otro; lo que falla es la dirección política», señala la portavoz de la coalición valencianista, Papi Robles, que recuerda que la propia alcaldesa acudió a Natzaret en diciembre de 2024 a presumir de que el proyecto estaba «cumplido» en el marco de la Capitalidad Verde. «Año y medio después de aquella foto, el parque no ha podido ni aprobarse», añade.

El detalle que remata el diagnóstico es el calendario. El propio proyecto prevé veintiséis meses de obra, por lo que Natzaret no vería el parque terminado hasta bien entrado ya el próximo mandato. La promesa del barrio que dejaría de ser «el patito feo» para convertirse en «el cisne blanco» de la ciudad, como dijo Catalá, no pasa de la infografía.

Del río real al río de escaparate

Mientras el gran proyecto para completar el Jardí del Túria se atasca, Compromís per València recuerda que la mayor parte de los anuncios del PP y Vox para el pulmón verde del Cap i Casal no salen de las arcas municipales ni cuentan con el vecindario. El segundo parque Gulliver, el llamado ‘Lilliput’, lo paga la Fundación del Instituto Valenciano de Oncología como contraprestación urbanística y se ha proyectado en el tramo que atraviesa les Tendetes en contra de los vecinos. La asociación denuncia que la instalación «recorta la única zona verde de libre esparcimiento del barrio» —una pradera y un bosque popular plantado hace décadas por cientos de valencianos— y reclama que la compensación del IVO se dedique a recuperar los tres parques infantiles que el barrio ya tiene, hoy degradados y mal cuidados, en lugar de verter cemento y fibra de vidrio al río.

Del resto de iniciativas Catalá tampoco puede presumir. La ampliación del circuito de running hasta cerca de ocho kilómetros la financia íntegramente la Fundación Trinidad Alfonso, que además se hará cargo del mantenimiento hasta 2029. Y la joya de la corona la reserva Catalá para una operación de carácter distinto: sacar a licitación por treinta y cinco millones de euros la gestión del jardín durante cinco años, un contrato que la coalición valencianista y los sindicatos del propio organismo municipal denuncian como una privatización en toda regla.

«Catalá es incapaz de gestionar lo que le corresponde y, allí donde debería poner recursos públicos, siempre encuentra la misma salida», resume Robles. «Su incapacidad la lleva a privatizarlo, tanto en la gestión como en la dotación de nuevos equipamientos: no puede sacar adelante el parque que Natzaret espera, pero sí que impone a les Tendetes un Gulliver que el barrio no quiere y prepara la privatización del pulmón verde de la ciudad.» Dos años de gobierno, concluye la coalición valencianista, que han dado para muchos anuncios y ni una sola pala.