• La formación valencianista pide al gobierno de María José Catalá un estudio que profundice en lo que el actual dejó fuera —cuánto pagan los jóvenes por su vivienda, qué salario cobran, cómo se vive en cada barrio y qué esperan del Ayuntamiento—, después de que dos de cada tres reconocieran no conocer siquiera los servicios municipales dirigidos a ellos.
  • María Giner: «No basta con hacer la foto; hace falta un infobarómetro que escuche de verdad a los jóvenes y pregunte por lo que condiciona sus vidas y por lo que esperan de su ciudad».

Compromís por València reclama al Ayuntamiento un nuevo infobarómetro sobre juventud que profundice en los problemas reales de los jóvenes de la ciudad y en lo que esperan de la institución. La coalición valencianista formula esa petición tras analizar el primer gran estudio municipal sobre juventud, elaborado por el Ayuntamiento y presentado esta semana coincidiendo con el Día Internacional de la Juventud, un trabajo que, a su juicio, acierta en el diagnóstico —la vivienda y la emancipación como principal problema, con un 33,3% de las menciones— pero se queda en la superficie y renuncia a medir su verdadero alcance.

Las preguntas que no se hacen

«El propio Ayuntamiento admite que la vivienda es el gran problema de la juventud, pero después no hace las preguntas que hacían falta», señala María Giner, concejala de la formación valencianista. El estudio, lamenta, no pregunta cuánto paga un joven por su vivienda, qué porcentaje de sus ingresos se le va en el alquiler o la hipoteca, cuántos han renunciado a emanciparse ante los precios de la ciudad o cuántos comparten piso con desconocidos porque no pueden permitirse vivir solos. «Sin esos datos es imposible conocer la dimensión real del problema y diseñar políticas públicas que funcionen».

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La misma carencia se repite, prosigue, en el bloque laboral. La encuesta no pregunta por el salario neto de los jóvenes ni por la parte de ese sueldo que destinan a la vivienda o a las necesidades básicas. «Una persona puede figurar como emancipada y estar recibiendo ayuda de sus padres para llegar a fin de mes, o compartiendo una habitación porque no le da para más», advierte Giner. «Esa es la precariedad real que sufrimos los jóvenes, y es justo la que el estudio no retrata».

Un mapa que se queda en el distrito

Giner reconoce que el infobarómetro georreferencia algunos indicadores, pero solo mediante mapas sombreados por distritos y por tramos, sin descender al detalle de cada barrio ni ofrecer las cifras concretas. «No es lo mismo ser joven en Ciutat Vella que en Rascanya, en Benicalap o en els Pobles del Nord», recuerda la concejala, que echa en falta saber dónde se concentran las mayores dificultades para emanciparse, dónde se acumula la precariedad o qué barrios arrastran más problemas de movilidad y de acceso a los servicios. Que el estudio ofrezca una imagen tan homogénea, sostiene, «desaprovecha la oportunidad de conocer la realidad barrio a barrio, cuando no la oculta directamente».

Unos servicios que no llegan

Otro resultado concentra buena parte de la crítica: el 66,9% de los jóvenes afirma no conocer los servicios municipales dirigidos a ellos. «Si dos de cada tres jóvenes no saben que existen los servicios que supuestamente se han diseñado para ellos, el gobierno de Catalá no tiene solo un problema de comunicación, sino de diseño y de alcance de sus políticas», señala Giner. La coalición valencianista reprocha, además, que la encuesta no aprovechara para averiguar por qué no se utilizan esos servicios, cuáles se conocen realmente o qué necesidades quedan sin cubrir.

Un estudio que escuche de verdad

Por todo ello, la formación valencianista pide que el Ayuntamiento rehaga el trabajo con un infobarómetro que baje al terreno y ponga al joven en el centro. Ese nuevo estudio, defiende Giner, debería medir el coste real de la vivienda y el peso que tiene sobre los ingresos, radiografiar la precariedad laboral con datos de salario, desglosar los resultados barrio a barrio y preguntar de forma directa por qué los jóvenes no conocen ni usan los servicios municipales. Y, sobre todo, tendría que interrogarles sobre su relación con la institución: «Queríamos saber si los jóvenes confían en el Ayuntamiento, si creen que el gobierno municipal escucha sus problemas y qué creen que debería priorizar la ciudad», enumera la concejala, «y esas son precisamente las preguntas que no están».

El balance de Giner es que el gobierno municipal «ha preguntado, pero no ha escuchado de verdad». «Escuchar a los jóvenes es preguntar por aquello que condiciona sus vidas y usar las respuestas para cambiar las políticas», defiende, antes de emplazar a María José Catalá a afrontar «el mayor problema que tiene la juventud de la ciudad» con un estudio «que sirva para actuar y no solo para el titular de un día».