- La coalición valencianista plantea dotar al personal municipal que trabaja a la intemperie de dispositivos de detección precoz del estrés térmico, siguiendo el modelo que ya se aplica en muchas ciudades del Estado
La provincia de València ya acumula 64 muertes atribuibles al calor en lo que llevamos de verano, según el sistema estatal de vigilancia de la mortalidad (MoMo), y en este contexto de olas de calor continuas, Compromís per València considera que el Ayuntamiento de València debe garantizar la salud de todas las personas. Por eso, la formación valencianista propone que el consistorio dote a las brigadas municipales que trabajan en la calle —limpieza, jardinería, obras y mantenimiento— de dispositivos de detección precoz del estrés térmico, y exige a la vez que el gobierno de María José Catalá no solo garantice el cumplimiento estricto de los protocolos de seguridad ante las altas temperaturas en las empresas contratistas, sino que también las inste a incorporar esta medida de prevención.

La propuesta responde a una tendencia que crece ciudad a ciudad. Barcelona ya ha repartido 1.400 de estos dispositivos entre el personal de limpieza, alumbrado y jardinería, y ha concentrado la jornada en las horas de la mañana. Alcoi ha puesto en marcha un proyecto piloto con treinta unidades para sus brigadas. Y la medida no entiende de colores políticos: entre los municipios que la han adoptado hay desde gobiernos del PSOE hasta el Pozuelo de Alarcón, gobernado por el PP con mayoría absoluta. Ayuntamientos de todo signo protegen ya a quien trabaja para toda la ciudadanía. «València no puede quedarse atrás con el inmovilismo continuo de la alcaldesa Catalá; por eso Compromís considera que, cuando las propuestas son de interés general y velan por la salud, deberían implementarse con urgencia, como es el caso ante las cada vez más frecuentes olas de calor», explica la portavoz de Compromís, Papi Robles.
Los dispositivos no miden el calor del ambiente, sino el del cuerpo: cuando detectan que la temperatura interna de la persona sube hacia un golpe de calor, avisan al operario con una señal sonora, una luz roja y una vibración para que pare antes de que sea tarde, y le indican cuándo puede reanudar el trabajo con seguridad. Son ligeros, resistentes y, sobre todo, no llevan GPS ni almacenan datos: protegen sin vigilar.
Para Papi Robles, la lógica es sencilla. «Cuando la ciudad se vacía por el calor, hay quien se queda en las calles para que València siga funcionando: quien recoge la basura, quien riega los parques, quien asfalta o repara una avería. A esas personas no se las puede dejar a su suerte ante cuarenta grados.» «Si hasta un ayuntamiento del PP como el de Pozuelo protege así a sus operarios, València, con mucho más presupuesto, no tiene ninguna excusa para no hacerlo», considera la dirigente valencianista.
Ahora bien, Compromís advierte de que la tecnología no es ninguna varita mágica y que lo que de verdad marca la diferencia es cumplir el protocolo entero, y cumplirlo para todo el mundo. El Real Decreto-ley 4/2023 obliga a las administraciones públicas a adaptar las condiciones de trabajo —incluso reduciendo o reorganizando la jornada— cuando la AEMET active un aviso naranja o rojo y las medidas habituales no garanticen la protección del personal. Agua, sombra, pausas, cambios de horario para esquivar las horas centrales del día y, si nada de eso es suficiente, parada de la actividad. «El protocolo no es una recomendación que se aplique cuando conviene; es una obligación legal, y el Ayuntamiento es el primero que lo tiene que cumplir con toda la plantilla, también con el personal temporal y en prácticas, sin dejar a nadie fuera», subraya Robles.
Las cifras explican por qué el tiempo corre en contra. A las 64 muertes atribuibles al calor que ya acumula la provincia este año se suman las 3.832 de todo el Estado el verano pasado, un 87% más que el año anterior, con los veranos batiendo récords uno tras otro. En un contexto de emergencia climática que en València se nota cada año más en las calles, Compromís insta al gobierno de Catalá a dejarse de gestos: dotar a las brigadas de los medios que ya funcionan en media España y garantizar, sin excepciones, que ningún trabajador o trabajadora municipal vuelva a jugarse la salud bajo una alerta roja.