El gobierno de Catalá ha rechazado todas las alegaciones presentadas por Compromís per València contra la adaptación del Plan General al Plan de Acción Territorial de l’Horta y justifica permitir actividades terciarias en plena huerta “para mejorar la rentabilidad económica del territorio”. La formación valencianista, que reclamaba retirar el documento y redactar uno nuevo con criterios de máxima protección, ve en ello una lógica de negocio que pone el suelo agrícola al servicio de la especulación.

La alegación, presentada por Papi Robles como portavoz del Grupo Municipal, advertía que el documento se limita a trasladar de manera literal la normativa autonómica al Plan General de 1988, sin ninguna revisión crítica. Compromís denunciaba que esto supone la desprotección de la huerta porque no hace prevalecer la norma municipal, más restrictiva que la de la Generalitat, una posibilidad que la ley permite. Alertaba también de que facilitará alojamientos turísticos, hostelería y otros usos terciarios en una ciudad que ya sufre la presión de la turistificación. Los mismos argumentos, en esencia, aparecen en las 117 alegaciones de modelo idéntico que representan a 164 personas interesadas, también desestimadas. “La huerta no puede convertirse en la reserva de suelo donde ubicar lo que la ciudad consolidada no quiere asumir”, sostiene Papi Robles.

La “rentabilidad” de la huerta

En su respuesta, el informe de Urbanismo explica que el objetivo de admitir usos terciarios es “dinamizar la actividad económica del espacio agrario, mejorar su rentabilidad económica y complementar las rentas de los agricultores”. Para Papi Robles, la fórmula no deja lugar a dudas: “Cuando el Ayuntamiento habla de mejorar la rentabilidad del territorio, lo que nos dice claramente es que el suelo agrícola se ha convertido en un negocio.”

La portavoz del segundo partido de la ciudad añade: “Si el criterio es la rentabilidad, que ayuden a los agricultores para que sus cosechas tengan precios justos y propongan ayudas para el campo. Sin embargo, lo que impulsan es que la huerta deje de ser un espacio protegido y pase a ser una oportunidad de negocio, y eso es exactamente lo que entendemos por especulación.”

Compromís recuerda que lo que pedía en su alegación era el mantenimiento productivo del territorio agrario, la recuperación de campos abandonados y el apoyo real a quienes los trabajan. “Los agricultores no necesitan un hotel al lado de los campos: necesitan ayudas, precios de venta rentables que vuelvan a hacer atractivo el cultivo de la huerta y un Ayuntamiento que defienda su trabajo”, asegura Papi Robles.